San Mateo
Fiesta
21 Septiembre
Biografía
Nació en Cafarnaúm, y cuando Jesús lo llamó ejercía el oficio de recaudador de impuestos. Escribió el evangelio en lengua aramea y, según la tradición, predicó en Oriente.
Oficio, lecturas, reflexiones y laudes ➕
V. Señor abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.
Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día, mientras perdura el «hoy». (Hb 3, 13)
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien:
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos deben entonar un canto de victoria. (S. Atanasio)
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien:
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. (Hch 28, 28)
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien:
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo. (S. Ireneo)
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Mensajeros de Dios
dadnos la Nueva;
mensajeros de paz,
sea paz nuestra.
Mensajeros de luz,
sea luz nuestra;
mensajeros de fe,
sea fe nuestra.
Mensajeros del Rey,
sea rey nuestro;
mensajeros de amor,
sea amor nuestro. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Ant. 2. Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones.
Salmo 63
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.
Ant. Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones.
Ant. 3. Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria.
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumhran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.
Ant. Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria.
V. Contaron las alabanzas del Señor y su poder.
R. Y las maravillas que realizó.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-16
DIVERSIDAD DE DONES EN UN MISMO CUERPO
Hermanos: Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo. Por eso dice: «Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres.» ¿Qué quiere decir «subió» sino que antes bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
Él mismo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren y actuando a la medida de cada parte, se procura su propio crecimiento para construcción de sí mismo en el amor.
Responsorio 2Pe 1, 21; Pr 2, 6
R. Nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, * llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.
V. El Señor es quien da sabiduría, de su boca proceden la prudencia y la ciencia.
R. Llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 21: CCL 122, 149-151)
JESÚS LO VIO Y, PORQUE LO AMÓ, LO ELIGIÓ
Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. «Sígueme», que quiere decir: «Imítame.» Le dijo: «Sígueme», más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo.
Él —continúa el texto sagrado— se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.
Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a colocarse junto a él y a sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para cenar con nosotros y nosotros con él, porque por el don de su amor habita en el corazón de los elegidos para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.
Responsorio
R. Fue Mateo un hábil escriba, doctísimo en la ley del Dios del cielo, * adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó misericordiosamente.
V. A él le fue confiado el Evangelio de la gloria de Dios.
R. Adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó misericordiosamente.
Te Deum
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Primera lectura
Ef 4, 1-7. 11-13
Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, evangelistas
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.
HERMANOS:
Yo, el prisionero por el Señor, les ruego que caminen como pide la vocación a la que han sido convocados.
Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor, esforzándose en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que han sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Palabra de Dios.
Salmo
Sal 18, 2-3. 4-5b (R.: 5a)
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
V. El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
V. Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.
Aclamación
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A ti, oh, Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos;
a ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, Señor. R.
Evangelio
Mt 9, 9-13
Sígueme. Él se levantó y lo siguió
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado
Mateo sentado al mostrador de los impuestos,
y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos
y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús
y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan, aprendan lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
Palabra del Señor.
Pistas para la Lectio Divina
SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA
Mateo es el mismo apóstol a quien Marcos y Lucas llaman Leví. Y al que se atribuye uno de los cuatro evangelios. Por eso, es uno de los santos cuyo nombre más resuena en nuestras celebraciones, porque leemos muy a menudo su evangelio.
Era hijo de Alfeo y natural de Cafarnaún. No sabemos dónde predicó, después de la Ascensión (¿en Persia?, ¿en Etiopía?). Pero lo que sí sabemos es que, con su evangelio, ejerció un apostolado inmenso: comunicó la Buena Noticia a todas las generaciones sucesivas, también a la nuestra. De los cuatro símbolos que se aplican a los evangelistas (león, toro, águila y hombre), a Mateo se le atribuye el de la figura de hombre, porque su evangelio empieza con la lista genealógica de Jesús.
1. Efesios 4,1-7.11-13: "Ha constituido a unos, apóstoles; a otros, evangelistas "
En esa Iglesia que es "un solo cuerpo y un solo Espíritu", "cada uno recibe la gracia según la medida del don de Cristo". A unos los ha constituido apóstoles, a otros evangelistas...
El día en que recordamos a san Mateo, apóstol y evangelista, es interesante recordar esta página de Pablo. Los diversos carismas son "para el perfeccionamiento de los fieles, para la edificación del cuerpo de Cristo". Mateo, además de ser uno de los elegidos para convivir con Jesús y, luego, ser sus enviados, fue evangelista: "Ágil escribano, doctísimo en la ley de Dios", como le llama un responsorio del Oficio de Lectura.
Gracias a él y, ojalá, gracias también a nosotros, se cumple lo que dice el Salmo: "A toda la tierra alcanza su pregón".
2. Mateo 9,9-13: "Sígueme: él se levantó y lo siguió"
La vocación de Mateo es muy significativa. Jesús elige a un publicano, o sea, a un recaudador de impuestos al servicio de Roma, la potencia ocupante, y como todos los publícanos, con mala fama entre el pueblo. Jesús le da un voto de confianza, sin pedirle confesiones públicas de conversión. Mateo le sigue con presteza, dejándolo todo, y le ofrece en su casa una buena comida, a la que también invita a otros publicanos, con escándalo de los "buenos".
Es la ocasión para que Jesús pueda expresar la finalidad de su misión: "no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
3. a) ¿Hubiéramos llamado nosotros, si se nos hubiera consultado, a un recaudador de impuestos como apóstol y testigo del evangelio o como miembro de nuestro grupo de trabajo?
Jesús, sí. Él le convirtió "de publicano en apóstol", como dice la oración. Lo comenta sabrosamente el sermón de san Beda que leemos en el Oficio de lectura. Así era Jesús, comprensivo y tolerante. ¿Cómo somos nosotros? ¿Tal vez intransigentes y puritanos, como los fariseos que murmuraban de Jesús? "Id, aprended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios". ¿Somos capaces de dar un margen de confianza a los que tienen mala fama? Jesús se lo dio a Mateo y éste respondió plenamente. Gracias a él tenemos el evangelio que lleva su nombre, y generaciones y generaciones han conocido el sermón de la montaña y la sorprendente noticia de las bienaventuranzas, y tantos discursos y parábolas de Jesús.
b) Contemplando el ejemplo de Mateo, podemos preguntarnos, ante todo, si nosotros seguimos a Jesús con la misma prontitud que él: "Sígueme...; él se levantó y lo siguió". Y si somos "evangelistas", anunciadores de la Buena Noticia. ¿Sembramos un poco de esperanza a nuestro alrededor? San Mateo se propuso demostrar que Jesús cumplía las promesas del Antiguo Testamento. ¿Transmitimos nosotros, como él, la convicción de que en Jesús está la respuesta de Dios a todas nuestras preguntas?
c) Mateo invitó a comer a Jesús. Nosotros no le invitamos: somos invitados por él a participar en la Eucaristía, que es su Cuerpo y Sangre, como alimento para nuestra vida. Tenemos más suerte que Mateo. ¿La sabemos aprovechar? La oración de después de la comunión nos hará pedir: "Hemos participado de la alegría saludable que experimentó tu apóstol san Mateo al tener de invitado en su casa al mismo Salvador: concédenos seguir alimentándonos siempre con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que no ha venido a salvar a los justos, sino a los pecadores".
Ese momento de encuentro con Jesús nos dará la luz y la fuerza que necesitamos para nuestra misión evangelizadora a lo largo de la jornada.
"Te dignaste elegir a san Mateo para convertirlo de publicarlo en apóstol de tu Hijo" (oración)
"A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo" (1ª lectura)
"A toda la tierra alcanza su pregón" (salmo)
"No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (evangelio)
José, A. L. (1999).
Enséñame tus caminos 7.
Los Santos con lecturas propias.
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.
Meditación diaria
SAN MATEO,
APÓSTOL Y EVANGELISTA*
Fiesta
— Correspondencia de San Mateo a la llamada del Señor. Nuestra correspondencia.
— La alegría de la vocación.
— Una vocación esencialmente apostólica.
I. San Marcos, San Lucas y el propio San Mateo narran la vocación de este inmediatamente después de la curación del paralítico de Cafarnaún. Probablemente el mismo día o al siguiente, se dirigió Jesús a la orilla del mar seguido de una gran muchedumbre1. Y en el camino pasó delante del lugar donde se pagaban los tributos por el tránsito de mercancías de una región a otra. Cafarnaún, además de un pequeño puerto de mar, era ciudad fronteriza con la región de Perea, al otro lado del Jordán.
Mateo, como publicano, estaba al servicio de Herodes y, sin ser funcionario, era arrendatario de los impuestos. Este oficio era mal visto, incluso despreciado, por el pueblo, aunque a la vez apetecido por la facilidad de enriquecimiento que proporcionaba. Es de suponer que este publicano era de buena posición, pues pudo dar un gran banquete en su casa, al que asistió un grandísimo número de publicanos Y otros que los acompañaban a la mesa2.
Al pasar Jesús, le invitó a que le siguiera. Y dejadas todas las cosas se levantó y le siguió3. Se trata de una respuesta rápida y generosa. Mateo, que debía conocer al Maestro de otras ocasiones, esperó este gran momento, y a la primera insinuación no dudó en dejarlo todo para seguir a Jesús. Solo Dios sabe lo que vio aquel día en Mateo, y solo el Apóstol sabrá lo que contempló en Jesús para dejar inmediatamente la mesa de las recaudaciones y seguirle. «Y al mostrar una decisión pronta y desprenderse así de golpe de todas las cosas de la vida, atestiguaba muy bien, por su perfecta obediencia, que le había llamado el Señor en el momento oportuno»4. El instante y la situación en los que el Señor se insinúa en el alma pidiendo una entrega sin reservas son los que Dios tiene previstos en su Providencia, y son por tanto los más oportunos. A veces lo hará a una temprana edad, y a esos pocos años, para esa persona, corresponde el mejor momento para seguir la llamada del Señor. Otras, Cristo llama en la madurez y en las circunstancias familiares, de trabajo, etc., más diversas. Con la vocación, Dios acompaña la gracia para responder prontamente y ser fieles hasta el final. Además, puede suceder que, cuando se dice que no al Señor en espera de decirle sí más adelante, en un tiempo que subjetivamente parezca más oportuno, ese momento no se presente, porque toda resistencia a la gracia endurece el corazón5. También es posible que el Señor no pase una segunda vez: que no haya una segunda repetición de la llamada amorosa. Esto llevaba a San Agustín a animar a todos los fieles a corresponder a la gracia cuando Dios la da; y añadía: Timeo Jesum praetereuntem et non redeuntem, temo que Jesús pase y no vuelva6.
En todos nosotros se fija el Maestro, cualesquiera que sean nuestra edad y condición. Sabemos bien que Jesucristo pasa cerca de nuestra vida, nos mira y se dirige a nosotros de manera singular. Nos invita a seguirle más de cerca, y a la vez nos deja en la mayoría de los casos metidos en la entraña de la sociedad, del trabajo, de la familia… «Piensa en lo que dice el Espíritu Santo, y llénate de pasmo y de agradecimiento: “elegit nos ante mundi constitutionem” nos ha elegido, antes de crear el mundo, “ut essemus sancti in conspectu eius!” para que seamos santos en su presencia.
»Ser santo no es fácil, pero tampoco es difícil. Ser santo es ser buen cristiano: parecerse a Cristo. El que más se parece a Cristo, ese es más cristiano, más de Cristo, más santo.
»Y ¿qué medios tenemos? Los mismos que los primeros fieles, que vieron a Jesús, o lo entrevieron a través de los relatos de los Apóstoles o de los Evangelistas»7.
II. San Mateo, para celebrar y agradecer su vocación, dio un gran banquete, al que invitó a sus amigos, a muchos de los cuales se les consideraba o eran pecadores. Este gesto refleja la alegría del nuevo Apóstol por su vocación, que es un gran bien del que es preciso alegrarse siempre. Si nos fijamos solo en la renuncia que lleva consigo toda invitación de Dios a seguirle con paso más firme, si miramos solo lo que hay que dejar y no el don de Dios, el bien que va a llevar a cabo en nosotros y a través de nosotros, podría venir la tristeza, como al joven rico que no quiso dejar sus riquezas y se marchó triste8. Solo pensó en lo que dejaba. No llegó a conocer la maravilla de estar con Cristo y de ser su instrumento para cosas grandes. «Quizá ayer eras una de esas personas amargadas en sus ilusiones, defraudadas en sus ambiciones humanas. Hoy, desde que Él se metió en tu vida ¡gracias, Dios mío!, ríes y cantas, y llevas la sonrisa, el Amor y la felicidad dondequiera que vas»9.
La vida de quien ha sido llamado por Cristo y todos lo hemos sido no puede ser como la de aquel personaje que Jesús nombra cuando ya parece terminada la parábola del hijo pródigo: el hermano mayor que ha permanecido en la finca del padre, que ha sido buen trabajador, que no ha salido de los límites de la hacienda paterna… que ha sido fiel, pero sin alegría, sin caridad con su hermano menor, que por fin acaba de volver. Es la imagen viva del justo que no acierta a comprender que poder servir a Dios y gozar de su amistad y presencia es ya una continua fiesta. No entiende que en el servicio a Dios está ya la misma recompensa, que el mismo servir es reinar. Dios espera de nosotros un servicio alegre, no de mala gana ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría10. Hay siempre suficientes motivos de fiesta, de acción de gracias, de estar alegres, cuando estamos sirviendo al Señor, cuando decimos sí a sus llamadas.
San Mateo se convirtió en un testigo excepcional de la vida y de los hechos del Maestro. Un poco más tarde sería elegido uno de los Doce para seguir al Señor en todos sus pasos: escuchó sus palabras y contempló sus milagros, estuvo entre los íntimos que celebraron la Última Cena y asistió a la institución de la Eucaristía, oyó el testamento del Señor en el Mandamiento del amor y acompañó a Cristo al Huerto de los Olivos, donde empezaría, con los otros discípulos, un calvario de angustia, especialmente por haber abandonado también a Jesús. Después, muy poco después, saboreó la alegría de la Resurrección y, antes de la Ascensión, recibió el mandato de llevar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. Más tarde, también con los discípulos y la Santísima Virgen, recibió el fuego del Espíritu Santo, en Pentecostés. Al escribir su Evangelio recordaría tantos momentos gratos junto al Maestro. Comprendió que su vida cerca de Cristo había valido la pena. ¡Qué diferencia si se hubiera quedado aquella mañana amarrado al telonio de los impuestos y no hubiera sabido seguir a Jesús que pasaba! Nuestra vida, ¡bien lo sabemos!, solo vale la pena si la vivimos junto a Cristo, en una correspondencia cada día más fiel. Si ante cada llamamiento que nos hace Jesús para vivir más cerca de Él respondemos con prontitud y alegría.
III. Al banquete que dio Mateo asistieron sus amigos y muchos conocidos. Algunos eran publicanos. Los fariseos y los escribas murmuraban entre sí, y decían a los discípulos de Jesús: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?11. San Jerónimo, en una nota al margen del texto y en tono jocoso, anota que aquello debió ser un festín de pecadores.
El Maestro asistió al banquete en casa del nuevo discípulo. Y lo haría de buen grado, con gusto, aprovechando aquella oportunidad para ganarse la simpatía de los amigos de Mateo. Jesús, a quien le llegaron los comentarios malintencionados de los fariseos, les respondió con una enseñanza llena de sabiduría y de sencillez: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos12. Muchos de los asistentes al banquete se sintieron acogidos por el Señor, y pasado un tiempo se bautizarían y serían cristianos fieles. A nosotros nos enseña el Señor con su ejemplo a estar abiertos a todos para ganarlos a todos. «El diálogo de salvación no quedó condicionado por los méritos de aquellos a quienes se dirigía, ni tampoco por los resultados favorables o contrarios: no tienen necesidad de médico los que están sanos… El diálogo de salvación se abrió, se ofrece a todos; se abrió para todos los hombres sin discriminación alguna…»13. Nadie nos debe ser indiferente; cuanto mayor sea la necesidad, mayor ha de ser nuestro empeño apostólico, mayores los medios humanos y sobrenaturales que hemos de emplear. Examinemos hoy en nuestra oración si tenemos un trato acogedor con todos; también con aquellos que parecen estar más lejos de nuestras ideas y de nuestro modo cristiano de pensar y de ver la vida.
«Tienes razón. Desde la cumbre me escribes en todo lo que se divisa y es un radio de muchos kilómetros, no se percibe ni una llanura: tras de cada montaña, otra. Si en algún sitio parece suavizarse el paisaje, al levantarse la niebla, aparece una sierra que estaba oculta.
»Así es, así tiene que ser el horizonte de tu apostolado: es preciso atravesar el mundo. Pero no hay caminos hechos para vosotros… Los haréis, a través de las montañas, al golpe de vuestras pisadas»14.
Agradezcamos hoy al Apóstol el Evangelio que nos legó, leámoslo con piedad para conocer cada vez mejor a Jesús y aprender a amarle con toda nuestra alma.
San Mateo, Apóstol y Evangelista, nació en Cafarnaún, y cuando Jesús lo llamó para formar parte del grupo de los Doce ejercía el oficio de recaudador de impuestos. La Tradición es unánime en reconocerlo como autor del primer Evangelio, escrito en arameo y traducido poco después al griego. Según la Tradición predicó y sufrió martirio en Oriente, quizá en Persia.
Meditación del día
Meditaciones: San Mateo
Reflexión para meditar la fiesta de San Mateo. Los temas propuestos son: el encuentro de Mateo con Jesús; un amor que guía en las dificultades; reconocerse pecador.
- El encuentro de Mateo con Jesús.
- Un amor que guía en las dificultades.
«JESÚS VIO al publicano y, porque lo amó, lo eligió»[1]. Estas palabras de san Beda condensan los rasgos esenciales de cualquier vocación. En toda llamada la iniciativa parte siempre de Dios, que piensa en nosotros desde la eternidad y nos acompaña en cada uno de nuestros pasos. En el caso de Mateo, es Jesús quien pasa junto al lugar donde estaba recaudando impuestos. Y, al verle, decide llamarle sin más preámbulos. Es el misterio de la vocación. Mateo podía haberse planteado preguntas como: ¿por qué a mí?, ¿por qué ahora?, ¿tengo las cualidades necesarias?, ¿dónde me llevará esta elección? Él era un publicano, considerado socialmente como un pecador público. Pero su historia demuestra que ninguna de esas cuestiones son decisivas. Lo realmente importante, en el caso de Mateo y en el de cualquier vocación, es que se ha producido un encuentro personal con Cristo y es él quien nos invita a colaborar en su plan de salvación.
Jesús dirige una palabra a Mateo: «Sígueme». No se trata solamente de una invitación a acompañarle. También «quiere decir: “Imítame”. Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él»[2]. Y así fue cómo la vida de Mateo encontró su pleno cumplimiento. Vería toda su existencia con ojos nuevos, con una luz que también es calor e impulso para dar una respuesta generosa: «Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta –decía san Josemaría–, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación»[3].
MATEO responde inmediatamente a la llamada. El Evangelio dice con toda sencillez que «se levantó y lo siguió» (Mt 9,9). Los datos son escuetos. No sabemos si antes había escuchado ya al Maestro o si había conversado con él en Cafarnaún, donde vivía y trabajaba. Lo que el texto destaca, en su concisión, es la prontitud con la que sigue al Señor cuando recibe la llamada a compartir su vida. Algo muy similar encontramos en el caso de otros apóstoles, como Andrés y Pedro, Felipe y Natanael, o Santiago y Juan (cfr. Jn 1,40-50; Mt 4,18-22).
¿Qué fue lo que movió a aquellos sencillos pescadores y al publicano Mateo a seguir sin demora a Cristo? No es del todo fácil dar una respuesta. Sabemos poco de quiénes eran, cómo pensaban, cuáles eran sus anhelos y esperanzas. Pero sí percibimos en los evangelios que Jesús se metió en sus corazones. Les hizo experimentar vivamente el amor que traía a la tierra. Y este descubrimiento los llenó de una irresistible alegría. «Cada vocación verdadera inicia con un encuentro con Jesús que nos dona una alegría y una esperanza nueva; y nos conduce, también a través de pruebas y dificultades, a un encuentro cada vez más pleno»[4].
Mateo dejó que su corazón fuera conquistado por Jesús. Experimentó que estar con él dona una felicidad que el mundo no puede dar. Posiblemente, a las pocas semanas de estar junto a Jesús, no se le ocultaba que habría dificultades, pues no todos recibían al Maestro con la misma apertura de corazón. Quizá también percibiría sus propios límites y miserias, en contraste con la misión que Jesús emprendía. Pero Mateo prefirió la esperanza, rechazando el pesimismo; confió en que podría custodiar su amor a Jesús, quizá purificándolo y renovándolo muchas veces. «Enamorados de Jesús. Claro que hay pruebas en la vida, hay momentos en los que hace falta ir hacia delante a pesar del frío y los vientos contrarios, a pesar de tantas amarguras. Pero los cristianos conocen el camino que conduce a aquel fuego sacro que les ha encendido una vez para siempre. (...) Cultivemos sanas utopías: Dios nos quiere capaces de soñar como él y con él, mientras caminamos bien atentos a la realidad»[5].
DESPUÉS del encuentro en el telonio, Mateo decidió organizar una fiesta en su propia casa. Quiso celebrar la nueva vida que iba a comenzar invitando a sus amigos para que conocieran también a Jesús. Muchos de ellos, como el mismo Mateo, eran considerados pecadores por su colaboración con el imperio romano. Por eso, «los fariseos, al ver esto, empezaron a decir a sus discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”». Pero Jesús, al escuchar estas palabras, deja claro el sentido de su venida al mundo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Id y aprended qué sentido tiene: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores» (Mt 9,10-13).
El que se considera justo está cerrando las puertas a Dios. En cambio, el que se reconoce pecador deja que Cristo se acerque para curarle. Él no nos pide una vida impoluta y sin errores, sino un corazón contrito y humillado: este es el mejor sacrificio que podemos ofrecerle (cfr. Sal 51,19). «Somos pobres vasos de barro: frágiles, quebradizos. Pero Dios nos ha hecho para llenarnos de su felicidad, para siempre. Y ya ahora en la tierra, nos da su alegría para que la transmitamos a todos»[6]. Podemos pedir a nuestra Madre del cielo que nos ayude a experimentar en nuestra vida la fuerza sanadora de la misericordia de Dios. Especialmente en la Confesión y en la Eucaristía recibimos la gracia que nos impulsa a ser testigos del amor que Dios nos tiene.
Ant. 1. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.
Salmo 62, 2-9
EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene
Ant. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.
Ant. 2. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.
Cántico Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al Señor, sus siervos todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.
Ant. 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Aleluya.
Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Ant. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Aleluya.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los
apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
V. Harán memorable tu nombre, Señor.
R. Sobre toda la tierra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»; él se levantó y lo siguió.
Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»; él se levantó y lo siguió.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo:
El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre:
en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra:
por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia:
por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia:
por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Dios nuestro, que, en tu inefable misericordia, elegiste a san Mateo, para transformarlo de recaudador de impuestos en un apóstol, haz que también nosotros, imitando su ejemplo y apoyados por su intercesión, te sigamos con fidelidad, cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.